Pescados grasos: el alimento que gana respaldo de neurólogos para cuidar el cerebro y la memoria


Los pescados grasos volvieron a quedar en el centro de las investigaciones sobre salud cerebral. Distintos estudios analizaron cómo influye la alimentación en la memoria, el envejecimiento y el riesgo de deterioro cognitivo.
En los últimos años, las investigaciones dejaron de enfocarse solamente en suplementos o tratamientos complejos.
Una parte importante de los trabajos científicos empezó a mirar algo mucho más cotidiano: qué alimentos aparecen con frecuencia en personas que mantienen mejor memoria y funciones cognitivas con el paso del tiempo.
La relación entre alimentación y cerebro no es nueva, pero ahora aparecen datos más precisos sobre inflamación, circulación sanguínea y protección neuronal.
Entre los alimentos que más aparecen en investigaciones recientes están los pescados grasos, especialmente variedades como salmón, sardina, caballa y atún. El motivo principal tiene que ver con su contenido de ácidos grasos omega-3, asociados al funcionamiento cerebral y a la protección de las neuronas.
El cerebro humano está compuesto en gran parte por grasa, y una porción importante corresponde justamente a este tipo de lípidos. Distintos estudios observaron que niveles adecuados de omega-3 se relacionan con mejor memoria, más velocidad cognitiva y menor inflamación cerebral.
Los neurólogos también siguen de cerca el papel del DHA, uno de los omega-3 más importantes para el sistema nervioso. Ese compuesto participa en la comunicación entre neuronas y en el mantenimiento de estructuras cerebrales vinculadas con el aprendizaje. En adultos mayores, algunas investigaciones detectaron que quienes consumen pescado de manera regular presentan menos deterioro cognitivo.
Los especialistas remarcan que ningún alimento clave funciona aislado del resto de los hábitos diarios. Dormir mal, fumar, vivir bajo estrés constante o mantener una vida sedentaria también impacta sobre la memoria y el funcionamiento cognitivo.
La actividad física aparece entre los factores más importantes. Caminar, entrenar fuerza o realizar ejercicios aeróbicos ayuda a mejorar circulación, oxigenación y producción de sustancias relacionadas con la plasticidad cerebral.
El sueño también ocupa un lugar central. Durante la noche, el cerebro realiza procesos de limpieza y consolidación de recuerdos. Cuando el descanso se vuelve irregular durante mucho tiempo, distintas funciones cognitivas empiezan a resentirse.
A eso se suma el impacto del azúcar y los ultraprocesados. Algunos estudios encontraron relación entre dietas con exceso de productos refinados y mayor inflamación sistémica, un mecanismo que también preocupa en enfermedades neurodegenerativas.
Qué dice la ciencia sobre la pérdida de memoria en adultos y cómo influye la alimentación
La pérdida de memoria empezó a crecer como tema de investigación no solo por el envejecimiento poblacional, sino también porque distintos estudios detectaron deterioro cognitivo más temprano de lo esperado en adultos de mediana edad.
Uno de los trabajos más citados en neurología fue publicado por investigadores de la Universidad Rush, en Estados Unidos, que siguieron durante años a adultos mayores y observaron que ciertos patrones alimentarios se relacionaban con un deterioro cognitivo más lento.
Entre los alimentos que más se repetían aparecían pescados ricos en omega-3, verduras de hoja verde, frutos secos y aceite de oliva.
El interés sobre el pescado tiene una explicación biológica concreta. El cerebro concentra niveles altos de DHA, un ácido graso omega-3 fundamental para las membranas neuronales. Cuando esos niveles disminuyen, algunos estudios encontraron peor rendimiento en memoria y velocidad de procesamiento.
También hay datos vinculados con enfermedades neurodegenerativas. Investigaciones publicadas en revistas como Neurology y Alzheimer’s & Dementia detectaron asociaciones entre dietas antiinflamatorias y menor riesgo de desarrollar deterioro cognitivo leve o Alzheimer en adultos mayores.
Fuente: www.clarin.com



